CUANDO ALGUIEN ME PREGUNTA por la casa de mi infancia, recuerdo al jilguero que cantaba a las seis de la mañana, con los primeros rayos del sol. Un canto precioso, fuerte. He recordado eso ahora que Luis Ku Quiñones me explica lo que es ir por Yucatán escuchando aves. "Yucatán es el estado ideal para observar aves. Tiene 445 de las 548 especies de aves registradas en la península, que a su vez representa el 50% de todas las aves del país", me comenta al empezar a platicar. "Muchas aves cruzan el Golfo de México, escapándose del frío del norte. Como esto lo hacen dos veces al año, las mejores épocas para verlas son septiembre y, cuando regresan a casa, en abril. El cruce lo hacen aproximadamente 10 millones, unas se quedan a pasar el invierno y otras siguen su camino a Centroamérica". La afinidad que nace de la vegetación con el Caribe proporciona un hábitat que no se encuentra en ningún otra parte del País, haciendo que Yucatán sea el gran destino de los birders (fanáticos de las aves). Entre todos sus tesoros están los flamencos -una colonia única de más de 30,000 aves- y la matraca yucateca, ave endémica que habita en la costa norte del estado.
"La mejor hora para ver pájaros es, sin duda, el amanecer", me sigue diciendo Luis. Es la hora en la que se puede escuchar cómo despiertan y se mueven. Se oyen ruidos: unos son quejidos, otros, como el jilguero de mi casa, suben como un coro y se detienen para luego comenzar de nuevo. "Mi favorito -dice Luis- es el MUT, MUT, MUT del Blue-Crones Motor". No sé por qué, cuando me lo dice escuchó el oleaje del mar. Aunque lo más impactante de la observación de aves en Yucatán, es cuando Luis te lleva, de madrugada por la selva, a las zonas arqueológicas para buscar pájaros desde lo alto de una pirámide. Y allí, claro, no se escapa el significado sagrado que los mayas daban a las aves. El zopilote, protector del fuego que limpia la tierra en la primavera antes de la siembra. El colibrí, que aparece en el embarazo y el parto. El búho, célebre consejero de los sacerdotes y mensajero del inframundo. El pavo real, rey de las aves. Y claro, el quetzal, ave sagrada, máxima deidad, que con su canto hacia llover y con sus plumas daba cobijo.
Más allá de los sonidos, de la belleza implícita de las aves y de su significado cultural, el birdwatching u observación de aves, tiene sus riesgos. Están, por supuesto, los accidentes de auto, las temidas serpientes y los jaguares, el que alguno de los observadores se pierda en la espesa vegetación de Yucatán o que se tuerza un tobillo y se tenga que llevarlo a cuestas. La selva es muy peligrosa. Y además, como sostiene Luis, es un pasatiempo que requiere una gran paciencia, puesto que nunca sabes dónde estará exactamente el pájaro al que has ido a buscar, y cierto equipo (binoculares, cámaras de fotografía). Todo ello tiene su recompensa cuando observas a una madre darle de comer a sus crías o cuando ves un búho escondido detrás de un árbol. Entonces, todo (el cansancio, el calor, la desvelada) queda en el olvido, dejándonos sólo una postal de color y una pequeña sinfonía para el recuerdo. O como dice Luis, "te llevas a casa el silencio de la selva".
Las aves de Yucatán
| · 233 especies son residentes durante todo el año en el estado y se sabe que anidan en la región, si no es que en el mismo estado. De éstas, 27 especies aumentan sus poblaciones locales con aves migratorias que visitan la península en el invierno. La mayoría de estas especies son aves acuáticas, incluyendo el pelicano pardo, anhinga americana, ibis blanco y la mayoría de las especies de garzas, además del gavilán pescador y la perlita de azula-gris. Dos especies en particular, la paloma híbrida Streptopelia decaocto/risoria y la munia cabeza negra fueron introducidos como resultado del comercio internacional de pájaros enjaulados.
| · 102 especies (en adición a las 27 especies migratorias que tienen poblaciones locales) son las llamadas migrantes neotrópicos-neárticos que se crían en América de Norte al norte de México y emigran a la península, donde millones de estas aves establecen sus territorios invernales. Millones de estos pájaros también instalan su residencia de invierno en América Central, pasando a través de la península para alcanzar su destino final. |
| · 14 especies han sido designadas como ocasionales a la región debido a que solo se han registrado menos de cinco veces, pero se puede esperar la presencia de éstas en un futuro. | · 54 especies son predominantemente migratorias ya que pasan a través de la península durante las migraciones del otoño y primavera entre los hemisferios norte y sur, a éstas se les llama transeúntes o aves de paso y nada mas unas pocas especies específicas han sido registradas en la región durante los meses de invierno.
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| · 33 especies son vagabundas o accidentales a la región, en donde la península queda fuera de su distribución normal.
| · 9 especies adicionales llegan a Yucatán del área del Caribe y de Sudamérica en la primavera con el objetivo de anidar aquí, regresando a sus puntos de origen en septiembre y octubre. Estas especies son el charrán mínimo (Sterna antillarum), charrán sombrío (Sterna fuscata), y charrán-bobo café (Anous stolidus) del Caribe; y de Sudamérica el milano plomizo (Ictinia plumbea), papamoscas rayado (Myiodynastes maculatus), papamoscas atigrado (Myiodynastes luteiventris), y papamoscas pirata (Legatus leucophaius), (raro en el estado); así como un abundante número de vireos verdeamarillo (Vireo flavoviridis). La golondrina acerada (Progne chalybea) que deja la península en invierno, se distribuye sobre un área más amplia, incluyendo otras partes de México. |
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