jueves, 28 de julio de 2011

El paraìso era esto

SE SUPONE QUE LAS cosas pocas veces cambian de golpe, que se transforman poco a poco, incluso en algo tan complejo como las tendencias del turismo. La Rivera Maya puede dar fe de ello. Despacio, las cosas están cambiando, aunque observemos que todo aquello que se considera ahora turismo basura (ese que llega, no respeta nada y se marcha dejando el sitio hecho un cochinero) sigue sucediendo: todavía vuela el paracaídas por la playa, todavía la gente hace recorridos en los yates, siguen corriendo las motos de agua, hay lanchas que ofrecen expediciones de pesca o cenas románticas a bordo. También notaremos, en las noches de los idus de marzo, que sigue habiendo bacanales y borracheras. Pero, ojo, eso pasa cada vez menos. El atardecer, la laguna y sus pájaros, el azul del cielo y la arena blanca como la harina pueden parecer los de siempre, pero no hay duda de que "algo" se está reinventando.

Ese algo lo podríamos describir más o menos con una imagen: usted quiere relajarse y decide ir al mar. Llega a su hotel. Es un espacio armonioso, empapado de vegetación y flores exóticas colocadas perfectamente, como si hubiesen estado toda la vida allí. El olor que percibe es una combustión de menta, jazmín y canela. Le ofrecen jugo, agua mineral o té, pero lo único que quiere es adentrarse en ese mar transparente, lejos del calor y olvidarse de la ciudad. El entorno es todo verdor: manglares, lagunas, junglas, playas. Todo el aire está teñido con aroma selvático. Lo primero, entonces, que viene a la mente es la palabra descanso. Es a este descanso a lo que se llama turismo sustentable, un esfuerzo por integrar el máximo confort con la conservación de la naturaleza. No hay nadie mejor en el mundo que haya logrado esta conjunción como Mayakoba, un vasto y lujoso destino ubicado en la Rivera Maya, parte del grupo español Obrascón Huarte Lain, S.A (OHL). El complejo está compuesto por 240 hectáreas de reserva ecológica, con lagunas, manglares y playas, hoteles de lujo y un campo de golf, el famosísimo Camaleón, diseñado por Greg Norman. Más allá del golf, lo que le ha dado gran fama es que prácticamente todos los rincones de este desarrollo turístico están conectados por 9 kilómetros de manglares de agua cristalina que conducen a una espectacular playa. A través de barcas eléctricas,  los huéspedes se transportan de un lado a otro, logrando así disfrutar de cerca de quince diferentes ofertas culinarias, tres exclusivos spas, y una asombrosa fauna selvática. Y aquí es donde viene a cuento la sustentabilidad: estos manglares se insertan dentro de uno de los ecosistemas  más importantes de la Riviera Maya, los Humedales Punta Bete-Punta Maroma, cuya superficie total es de 2,355 hectáreas. Este esfuerzo, entre otras y variadas acciones, es lo que ha ocasionado que Mayakoba logre el reconocimiento de Rainforest Alliance, una ONG conservacionista con sede en Nueva York, que le entregó cuatro preseas Sustainable Standard-Setter sobre turismo sustentable.

Sin embargo, al turismo sustentable todavía cuelga la fama de exclusivo. Nada más falso cuando se visita Zoetry Resorts o Papaya Playa, otros hoteles que, según Rainforest Alliance, están a la vanguardia del ambientalismo. De hecho, algunas cosas de estos hoteles se han clasificado como imperdibles para aquellos que visitan la Rivera Maya: dormir en cabañas junto al mar. Las más genuinas no poseen corriente eléctrica, así que sólo unos cirios iluminan las noches, cuando la brisa marina se cuela entre el techo. Aquí el tiempo se pierde y pasa igual que las iguanas delante de la cabaña. Imposible no pensar en Robinson Crusoe. Seguramente, si hace caso a esta recomendación, en menos de 24 horas ya se habrá olvidado que el resto del mundo existe. Con el dìa, verá cambiar el color del mar de verde a turquesa y luego a azul. Aquí logrará disfrutar de la animación discreta de la vida tropical; practicar el nado entre delfines; tomar el sol sobre arenas de alabastro pulverizado, y dormir en cabañas meciéndose en una hamaca. Claro, también podrá descubrir el arte maya en Cobá, tierra adentro, una ciudad todavía emboscada en la selva.

Y si con ello no ha tenido suficiente, está, claro, el buceo. Pruebe explorar pecios hundidos, como ese de ahí al fondo, el galeón Matancero. De pronto verá pasar tres grandes calamares de carnes translúcidas. Van desahogados, juguetones, le dará tiempo de ver sus ojos azules y a notar que ellos también le han visto. El mar sigue su curso y, usted, flotando en ese azul, logra una imagen de postal. Sí, aquí, en el paraíso, como en la vida, lo que nunca defrauda es lo que no se ve a simple vista. Disfrute, pues. Relájese y, de pronto, como un hongo que va invadiendo un árbol, verá como crece esa sensación de no querer irse nunca jamás. Confórtese: en este paraíso, afortunadamente, no existen manzanas prohibidas.

Más información:

Mayakoba

Carretera Federal Cancún- Playa del Carmen Km. 298 Playa del Carmen Solidaridad, Quintana Roo. Riviera Maya. Tel. 52 (984) 873 4900. Fax 52 (984) 873 4901. www.mayakoba.com

Papaya Playa

Reserva de la Biosfera Sia Ka'an. Tel. 52 (1) 984 116 3774. www.papayaplaya.com

Zoetry Resorts

Carretera Chetumal –Cancún Km 328. Bahía Petempich, Benito Juárez, Pto. Morelos Q. Roo  C.P. 77580. Tel. 998 872 8300 www.zoetryresorts.com

Rainforest Alliance

665 Broadway, Suite 500. New York, NY 10012 USA. Tel. 1 (212) 677-1900 www.ra.org

Principios del Turismo sustentable:

Consejo Global de Turismo Sostenible. c/o United Nations Foundation

1800 Massachusetts Ave, NW. Washington, DC 20036. Tel:1-202-887-9040  http://www.gstcouncil.org/resource-center/gstc-criteria/505-los-criterios-globales.html

 

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Las aves del Mayab

CUANDO ALGUIEN ME PREGUNTA por la casa de mi infancia, recuerdo al  jilguero que cantaba a las seis de la mañana, con los primeros rayos del sol. Un canto precioso, fuerte. He recordado eso ahora que Luis Ku Quiñones me explica lo que es ir por Yucatán escuchando aves. "Yucatán es el estado ideal para observar aves. Tiene 445 de las 548 especies de aves registradas en la península, que a su vez representa el 50% de todas las aves del país", me comenta al empezar a platicar. "Muchas aves cruzan el Golfo de México, escapándose del frío del norte. Como esto lo hacen dos veces al año, las mejores épocas para verlas son septiembre y, cuando regresan a casa, en abril. El cruce lo hacen aproximadamente 10 millones, unas se quedan a pasar el invierno y otras siguen su camino a Centroamérica". La afinidad que nace de la vegetación con el Caribe proporciona un hábitat que no se encuentra en ningún otra parte del País, haciendo que Yucatán sea el gran destino de los birders (fanáticos de las aves). Entre todos sus tesoros están los  flamencos -una colonia única de más de 30,000 aves- y la matraca yucateca, ave endémica que habita en la costa norte del estado.

 

"La mejor hora para ver pájaros es, sin duda, el amanecer", me sigue diciendo Luis. Es la hora en la que se puede escuchar cómo despiertan y se mueven. Se oyen ruidos: unos son quejidos, otros, como el jilguero de mi casa, suben como un coro y se detienen para luego comenzar de nuevo. "Mi favorito -dice Luis- es el MUT, MUT, MUT del Blue-Crones Motor". No sé por qué, cuando me lo dice escuchó el oleaje del mar. Aunque lo más impactante de la observación de aves en Yucatán, es cuando Luis te lleva, de madrugada por la selva, a las zonas arqueológicas para buscar pájaros desde lo alto de una pirámide. Y allí, claro, no se escapa el significado sagrado que los mayas daban a las aves. El zopilote, protector del fuego que limpia la tierra en la primavera antes de la siembra. El colibrí, que aparece en el embarazo y el parto. El búho, célebre consejero de los sacerdotes y mensajero del inframundo. El pavo real, rey de las aves. Y claro, el quetzal, ave sagrada, máxima deidad, que con su canto hacia llover y con sus plumas daba cobijo.

 

Más allá de los sonidos, de la belleza implícita de las aves y de su significado cultural, el birdwatching u observación de aves, tiene sus riesgos. Están, por supuesto, los accidentes de auto, las temidas serpientes y los jaguares, el que alguno de los observadores se pierda en la espesa vegetación de Yucatán o que se tuerza un tobillo y se tenga que llevarlo a cuestas. La selva es muy peligrosa. Y además, como sostiene Luis, es un pasatiempo que requiere una gran paciencia, puesto que nunca sabes dónde estará exactamente el pájaro al que has ido a buscar, y cierto equipo (binoculares, cámaras de fotografía). Todo ello tiene su recompensa cuando observas a una madre darle de comer a sus crías o cuando ves un búho escondido detrás de un árbol. Entonces, todo (el cansancio, el calor, la desvelada) queda en el olvido, dejándonos sólo una postal de color y una pequeña sinfonía para el recuerdo. O como dice Luis, "te llevas a casa el silencio de la selva".

 

Las aves de Yucatán

 

·         233 especies son residentes durante todo el año en el estado y se sabe que anidan en la región, si no es que en el mismo estado. De éstas, 27 especies aumentan sus poblaciones locales con aves migratorias que visitan la península en el invierno. La mayoría de estas especies son aves acuáticas, incluyendo el pelicano pardo, anhinga americana, ibis blanco y la mayoría de las especies de garzas, además del gavilán pescador y la perlita de azula-gris. Dos especies en particular, la paloma híbrida Streptopelia decaocto/risoria y la munia cabeza negra fueron introducidos como resultado del comercio internacional de pájaros enjaulados.

 

·          102 especies (en adición a las 27 especies migratorias que tienen poblaciones locales) son las llamadas migrantes neotrópicos-neárticos que se crían en América de Norte al norte de México y emigran a la península, donde millones de estas aves establecen sus territorios invernales. Millones de estos pájaros también instalan su residencia de invierno en América Central, pasando a través de la península para alcanzar su destino final.

·         14 especies han sido designadas como ocasionales a la región debido a que solo se han registrado menos de cinco veces, pero se puede esperar la presencia de éstas en un futuro.

·         54 especies son predominantemente migratorias ya que pasan a través de la península durante las migraciones del otoño y primavera entre los hemisferios norte y sur, a éstas se les llama transeúntes o aves de paso y nada mas unas pocas especies específicas han sido registradas en la región durante los meses de invierno.

 

·         33 especies son vagabundas o accidentales a la región, en donde la península queda fuera de su distribución normal.

 

·         9 especies adicionales llegan a Yucatán del área del Caribe y de Sudamérica en la primavera con el objetivo de anidar aquí, regresando a sus puntos de origen en septiembre y octubre. Estas especies son el charrán mínimo (Sterna antillarum), charrán sombrío (Sterna fuscata), y charrán-bobo café (Anous stolidus) del Caribe; y de Sudamérica el milano plomizo (Ictinia plumbea), papamoscas rayado (Myiodynastes maculatus), papamoscas atigrado (Myiodynastes luteiventris), y papamoscas pirata (Legatus leucophaius), (raro en el estado); así como un abundante número de vireos verdeamarillo (Vireo flavoviridis). La golondrina acerada (Progne chalybea) que deja la península en invierno, se distribuye sobre un área más amplia, incluyendo otras partes de México.