viernes, 7 de agosto de 2009

Postales de San Francisco


Pocas ciudades admiten que se les describa en una palabra. San Francisco, sin duda, es una de ellas. Irreverente. Cómo no serlo, siendo la cuna de John Steinbeck -Nobel en 1962 por obras como Las uvas de la ira y Al este del Edén-, de Jack Kerouac y su En el Camino o el beat Bob Kaufman. Aún ahora es un intenso centro cultural, en el que dan charlas y recitales personajes como John Waters o Joan Báez. La irreverencia se expresa en movimientos, en continuos debates por todo el famoso barrio The Mission, con sus murales evocando la lucha por la liberación sexual, las banderas del arcoiris en Castro –todavía esta fresco el recuerdo de Harvey Milk–, y los estantes de las librerías en la Columbus Avenue, donde encontrará los libros más raros de cuentos pueda imaginar.

Siendo un puerto, San Francisco es una de las ciudades más multiculturales y diversas del mundo, en torno de barrios pintorescos como Chinatown, las casas victorianas de Alamo Square, la elegante Union Square, el hippie Hight Ashbury o el cada vez más turístico Fisherman’s Wharf, al que todo mundo dice odiar pero te recomienda visitar a la hora de la cena. Capital de la vanguardia, del arte y también de la rebeldía –quién podría olvidar que el verano del amor se celebró en la ciudad, en el Golden Gate Park o que la poesía de Allen Gingsberg se publicó por primera vez en la ciudad–, San Francisco es sobre todo una ciudad en eterno movimiento sobre tal o cual tema, con un pie ya en el futuro –está al borde de Silicon Valley, el gran centro de la tecnología y la informática– pero otro todavía puesto en su pasado y tradición, en aquellos tiempos ya míticos de la fundación, cuando fray Junípero Serra, impulsaba la creación de misiones a lo largo de California. Su historia da buena fe de ello, por ahí pasaron: piratas, balleneros, vagabundos, comerciantes y aventureros buscando suerte y fortuna en la región. Aquí empezó la fiebre del oro, echando con ello las raíces de la ciudad que es hoy, ocasionando con ello la “imagen” de tierra prometida, que vemos al principio de Las Uvas de la Ira de Steinbeck.

Pero la ciudad ofrece también otras imágenes, rostros más públicos y visibles, que nos permiten llevarnos un cuadro completo de sus calles y sus habitantes.

POSTAL 1. EL GOLDEN GATE. La gran silueta del Golden Gate -literalmente Puerta Dorada- está unida a la iconografía de la ciudad, no por algo es el puente más famoso de San Francisco (aunque el principal es el Bridge Bay). El puente fue construido en la década de 1930, cuando la ciudad había crecido tanto que no había sistema de ferry eficaz para abastecer el transporte entre ambos lados de la bahía. Se recomienda hacer el paseo en bicicleta, para apreciar la impresionante vista que se tiene desde ahí. No hay mejor descripción que aquella que dejo Stevenson: se contempla la bahía perfecta. A la noche el puente se enciende y deja ver sus 1280 metros suspendidos y sus 227 metros de altura iluminados. En el lado sudeste del puente hay que parar en la Roundhouse, un lugar donde funciona un centro de recuerdos, regalos e información sobre el Golden Gate.

POSTAL 2. Union Square. El centro de San Francisco te permite sentirte como en El halcón maltés, la novela de Hammett ambientada en la zona. La plaza es un gigantesco punto de encuentro: de aquí se sale para los tours o para las compras, para tomar el cablecar hacia Fisherman’s Wharf. Es una de las mejores zonas del mundo para ir de compras. Además, las calles de los alrededores son famosas por sus galerías de arte, y los amantes de la arquitectura no dejarán de notar la Xanadu Gallery, con un interior circular como el Guggenheim de Nueva York: la única obra de Frank Lloyd Wright en la ciudad.

POSTAL 3. GALLETAS DE LA FORTUNA EN CHINATOWN. En el cruce de las avenidas Grant y Bush se encuentra el acceso sudeste a Chinatown, el barrio chino, considerado como el mayor del mundo fuera de Asia. Budas de todos los colores y tamaños esperan en las vidrieras, mientras las calles tienen nombre bilingües y en los negocios se lucen las hierbas, porcelanas, muebles y recuerdos orientales, procedentes de China, Taiwan y Hong Kong. Aquí están de parabienes los amantes de las artes marciales, el horóscopo chino, la caligrafía y los fuegos artificiales. Hay que hacer una pausa en uno de los restaurantes del barrio: ofrecen comida china auténtica, muy lejos de lo que puede probarse en otros lugares. Toda una aventura, que vale la pena por su variado abanico de olores y sabores, incluyendo sus famosos tés. Es imperdible, la famosa fortune cookies, una galleta con mensaje, típica de San Francisco, pues no existen en China. Incluso, es recomendable el ver cómo se fabrican en la Golden Gate Fortune Cookie Factory, ahí mismo en Chinatown.

POSTAL 4. EL AMOR LIBRE EN LOS TIEMPOS DE LA REVOLUCIÓN. Hay dos barrios que también simbolizan la actitud libertaria y las ansias revolucionarias de San Francisco. Uno es Castro, alma de la comunidad gay, y el otro Ashbury Hight, la Meca hippie.

Castro, que toma su nombre de una avenida, fue a fines del siglo XIX el asentamiento elegido por numerosos irlandeses, alemanes y escandinavos que llegaban en busca de tierras accesibles en las entonces afueras de San Francisco. Ellos construyeron sus casas victorianas, ideales para albergar familias numerosas, y las residencias que hoy restauradas le dan carácter y color al barrio. En 1970 se asentaron en él numerosos miembros de la comunidad homosexual. Aunque no todo fue fácil, el activismo gay se ha impuesto y se ha convertido en una atracción colorida y abierta, que brilla sobre todo con los neones de la noche. Hoy, el barrio es fácilmente identificable, pues por él ondean las banderas del arco iris.

La parte hippie está Hight Ashbury, el barrio donde floreció la rebelión pacifista, el flower power. Alcanza con mirar los nombres de los negocios (Dreams of Kathmandu, Pipe Dreams) para tararear a The Mamas and The Papas y revivir toda la nostalgia de los setenta. No puede faltar la visita a la Grateful Dead House, donde el grupo se instaló en los 60, y la Buffalo Exchange, la tienda por excelencia del hippismo. Por la noche, la visita a Lower Hight es obligada, con esas fiestas llenas de música dance.

Al llegar el momento de la partida, las postales se entrecruzan unas con otras, provocando un terrible sentimiento de añoranza. Es cuando se comprende que la irreverencia es justamente eso: nostalgia por ese trato, por ese ambiente y esta atmósfera. Sólo quién comprende el alma irreverente de la ciudad, la ha visto realmente, dice Sean Penn –celebre ciudadano de la ciudad–. Habría que agregar que, claro, el resto es sólo literatura… o cine

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